Están aquellos que perduran y se consagran en nuestra vida, haciéndose secretos sagrados y aquellos que se transforman en una pequeña espina.
En ambos casos el guardarlos implica un gran desafío: para el primero es la vida misma quién lo guarda y para el segundo es la vida misma que se guarda para que no sea descubierta.
Lo mejor es gritarlos y decirlos a quienes no conocemos...